Texto para el catálogo de la muestra "Untitled Deja Vu", 2006, Museo de Arte Contemporáneo de Posadas, Argentina.

 

FANTASMAS DE LO NUEVO

por Francisco Ali Brouchoud

 

 

 

“Arte electrónico”, “arte digital”, “net art” “new media art”: el repiqueteo neologístico ya se escucha también desde hace cierto tiempo con insistencia en el campo del arte argentino, abriendo aquí y allá debates apocalípticos e integrados, y demandando atención en nombre de una novedad que vendría a sincronizar, por fin, a los artistas con la cultura tecnologizada y tecnologizante en la que vivimos, donde es mucho lo que se deposita en la racionalidad técnica. El mercado, por su parte, ínfimo pero con muchos planes a futuro, no desdeña aquello que podría ser capaz de revitalizar su flujo de mercancías, y observa el comportamiento de la tendencia con interés.
Gracias a Walter Benjamin, desde luego, nos es imposible ignorar que la técnica es también portadora de una estética, o que en plazos más bien breves, puede producir cambios profundos en las prácticas artísticas, dado que también los propicia en el sensorium, en los modos de percepción y en las subjetividades. Sin embargo esa ingenua aspiración neomedial dispara las alarmas, y nos preguntamos qué se cocina en ese caldo que huele a neopositivismo y a modernidad re-implantada.
Por otro lado, el paisaje a nuestro alrededor se modifica rápidamente -eso que llamamos paisaje y que nos atraviesa: desde los ubicuos instrumentos de las sociedades de control hasta las maneras en que circulan, se procesan, emiten y reciben los paquetes de información que nuestra vida diaria requiere, con Google, Wikipedia y YouTube como parte de nuestros ya familiares protocolos de experiencia.
La obra de Gustavo Romano se despliega atenta a estos desarrollos, y despreocupada de las falsas novedades: el artista viene trabajando desde hace años con herramientas tecnológicas, y su juego se cifra en una observación oblicua de estas, en apartarlas sutilmente de su destino racional- funcional hacia lo imaginario-subjetivo con toda la potencia de la que el arte es capaz.
La mirada irónica de Romano devuelve los objetos especializados de la técnica a un ámbito a la vez cotidiano y poético, en el que los rayos X pueden ser alejados del dispositivo médico para mostrarnos en su intimidad el misterio de otros mecanismos que tendemos a olvidar, como los de la mano humana que escribe; o tres globos rojos llenos de helio ser utilizados para hacer ascender al cielo una cámara de video que en vez de vigilar, transmite el azar de su errancia sin objeto.
Si Internet tiene como funciones básicas la información y la comunicación, para el artista estas dimensiones pueden ser las modalidades de una extraña -¿segunda, tercera?- “naturaleza” en la que es posible encontrar tanto peligrosos “animales” para poblar un fabuloso cyberzoo, como los materiales textuales para que unos autómatas compongan poesía sonora y visual.
Pero más allá de este uso diverso de instalaciones, fotografía, video, e Internet que caracteriza a la obra de Gustavo Romano, muchos de sus proyectos tienen en común otro rasgo que los distingue: en su centro, o en su origen, hay una acción, y a través de ella se cumple el pasaje de tejné a poiesis, de la supuesta certeza a la paradoja espacio-temporal.

Francisco Ali Brouchoud, Buenos Aires, noviembre de 2006